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El descubrimiento del Tornaviaje

kamomeen/Shutterstock.com

Durante dos siglos y medio los barcos españoles cruzaron el Océano Pacífico, desde México a las Islas Filipinas, llevando a cabo una de las rutas más famosas y provechosas de la historia de la navegación.

España quiso con esta ruta mantener el comercio con Asia y procurarse así las tan codiciadas especias de Oriente, que hasta entonces eran monopolio de los portugueses. Además del evidente motivo económico, se entremezclaban otros intereses como los políticos y religiosos.

Hubo unos cuantos intentos para encontrar una ruta rápida desde Filipinas a América. La distancia, de unos 15.000 kilómetros, era el principal problema en un tiempo en que los buques a vela tenían que buscar los vientos propicios que les llevaran a su lugar de destino. De ahí que los navegantes españoles buscasen durante años distintas rutas alternativas, que acabaron en desastres o en fracaso.

En el año 1559, el virrey de México don Luis de Velasco impulsó una nueva expedición, encargando a Miguel López de Legazpi y el fraile agustino Andrés de Urdaneta que descubrieran por fin una ruta de vuelta factible.

Urdaneta estaba convencido de hallar una ruta desde Asia a México. El Padre Esteban de Salazar, que le conoció, dijo de él:

“Prometía con tanta deliberación la vuelta desde las Filipinas a Nueva España, que son ser hombre modestísimo en hablar, solía decir que él haría volver no una nave, sino una carreta.”

Lo acontecido en este viaje quedó plasmado para siempre en los diarios de a bordo de los barcos que lo realizaron, de sus capitanes y oficiales. En sucesivas cartas y manuscritos que hoy nos permiten conocer los detalles y vicisitudes de aquel viaje. Las siguientes líneas no es más que el relato de esa aventura y de sus protagonistas.

Andrés de Urdaneta

Wikimedia Commons

¿Quién era Andrés de Urdaneta?

Nuestro protagonista nació en Villafranca de Oria, en Guipúzcoa, en noviembre de 1508. Estudió filosofía y teología, ya que sus padres deseaban que se hiciera sacerdote. Pero él sentía más apego por el mar, así que se dedicó a estudiar matemáticas y astronomía, que le servirían para la navegación.

En 1525, cuando no era más que un adolescente, se enteró de que Juan Sebastián Elcano preparaba una expedición para las Islas Molucas, y Urdaneta de enroló sin pensárselo. El veterano Elcano se dio cuenta de que aquel joven era una joya y se volcó con él, enseñándole todo lo que sabía sobre navegación.

No sería hasta 1536 cuando Urdaneta pudo regresar a España tras múltiples vicisitudes en aquella larga expedición. Para entonces se había ganado la fama de ser la clase de hombres que se necesitaban para el Nuevo Mundo.

La organización de la expedición

A oídos del virrey llegaron las certezas de que fray Andrés Urdaneta sería capaz de hacer regresar una expedición desde las Filipinas. Se reunieron así pilotos y técnicos de renombre para tratar de organizar un viaje de ida y vuelta, iniciándose los preparativos en el año 1559.

En 1561 se eligió al jefe de la expedición, nombrando a Miguel López de Legazpi, que era amigo de Urdaneta y buen organizador. Se eligió a este militar porque Urdaneta, como religioso, no podía ostentar tal cargo. Legazpi eligió con minuciosidad una ruta de ida dirigiéndose hacia el sur del ecuador hasta Nueva Guinea y, desde allí, subirían hacia Filipinas, desde donde iniciarían el viaje de regreso.

El monarca español Felipe II, que había dado su beneplácito a la expedición, ordenó que en el viaje de vuelta, motivo principal de aquella expedición, se dejara al mando a Urdaneta, quien tenía derecho a elegir nave y hasta capitán. Ordenó además, que en una carta lacrada, que debía abrirse a cien leguas de puerto, se detallara la ruta a seguir.

La expedición de Urdaneta en busca del Tornaviaje (1564-1568)

Y así, por fin, el 21 de noviembre de 1564, a las dos de la madrugada, salieron del puerto de Navidad, en el estado mexicano de Jalisco, la expedición capitaneada por Legazpi y dirigida por Urdaneta. La componían las siguientes naves:

• Nao San Pedro, capitana, de 550 toneladas.
• Nao San Pablo, almiranta, de entre 400 y 350 toneladas.
• Patache San Juan de Letrán, de 80 toneladas.
• Patache San Lucas, de 40 toneladas.
• Bergantín Espíritu Santo. Que se utilizaría como buque explorador.

Los buques llevaban en total ocho piezas de artillería, de 15 a 25 quintales, fabricadas en España, y otras más pequeñas fabricadas en México. En total iban embarcados 350 hombres, de estos 150 eran gente de mar y 200 eran soldados.

Wikimedia Commons

El viaje de ida

Cuando llevaban 100 leguas, abrieron el sobre lacrado, sintiéndose engañados cuando leyeron que debían dejar de lado Nueva Guinea y dirigirse directamente a Filipinas. Urdaneta, visiblemente indignado, manifestó no obstante:

“Creo que si la voluntad del Rey es que vayamos a las Filipinas, no tendremos más remedio que acatarla. Llevaré el barco de vuelta hasta Nueva España desde donde estemos.”

Tras 50 días de navegación, vieron tierra por primera vez. Se trataba de una isla del actual archipiélago de las Islas Marshall. El 23 de enero llegaron a Guam, también conocida como Isla de los Ladrones, llamadas así por los españoles por ciertas costumbres de sus nativos. No tardaron en salir de nuevo hacia el oeste después de declarar que aquellas islas estaban bajo la corona de España.

A mediados de febrero llegaron a la isla de Samar y Leyte. En estos lugares encontraron la desconfianza de los indígenas, que temían a aquellos hombres blancos venidos en enormes buques, iguales a los portugueses que habían hecho grandes abusos a la gente de las Molucas y se había corrido la voz. Esto no fue obstáculo para que, poco a poco, los miembros de la expedición fueran ganándose la confianza de aquellas gentes y empezaran a comerciar con ellos. Los españoles estaban muy faltos de provisiones, así que cambiaron estas por telas y otros objetos que traían en los barcos.

Durante los siguientes meses permanecieron por el archipiélago filipino, hasta que se decidió iniciar el tornaviaje. Urdaneta y Legazpi llegaron al acuerdo de realizar el viaje con la nao San Pedro, por ser la más resistente de las que traían. Nombraron al joven Felipe Salcedo como capitán de la misma, por sus destacados conocimientos de navegación y cargaron provisiones para más de ocho meses.

Por fin, el 1 de septiembre de 1565 salió de su fondeadero de la isla de Cebú en busca de Nueva España. Urdaneta, tal y como estaba previsto, era el que tomaba el mando absoluto sin discusión alguna.

Tornaviaje Mapa

Wikimedia Commons

El tornaviaje

Durante la primera semana apenas se movieron debido a los vientos flojos. Estando así, tan cerca de salir a alta mar, decidieron hacer una última aguada antes de adentrarse en lo desconocido. En una de las islas de Luzón llenaron los toneles de agua y los pañoles de leña, con la cubierta atestada de ganado doméstico como cerdos, cabras y gallinas. Un espectáculo digno de ver.

El 9 de junio por fin salieron a mar abierto. Cuando los pilotos quisieron saber el rumbo a tomar, Urdaneta simplemente indicó que nordeste hasta el paralelo 40. Allí esperaba obtener vientos favorables, tal y como había comprobado por experiencia y preguntando a otros navegantes. También esperaba que allí hubiera corrientes que los ayudasen a dirigirse hacia el este.

Sin embargo, la San Pedro navegaba al principio de bolina, con vientos en contra del este y nordeste. Lo contrario de lo que se buscaba. Al mes de navegación, la nao alcanzó los treinta grados y entraron en la corriente del Khuro-Shivo, haciendo que el andar fuera superior por fin a los días precedentes.

A bordo la situación empezaba a ser complicada, puesto que se habían acabado las verduras y frutas frescas. La alimentación había pasado a consistir en arroz, maíz, pan seco y garbanzos.

Continuaron subiendo hasta el paralelo cuarenta, que alcanzaron el 20 de julio. Siguieron calmas, aguaceros, mar gruesa, subida y bajada de latitud. En definitiva, una navegación complicada, agravada por la sensación de dirigirse a lo desconocido, ya que a pesar de la confianza de Urdaneta iban a ciegas.

Tres meses después de iniciar el tornaviaje, muere el primer marinero. Al poco murió otro. El escorbuto y las enfermedades debidas a la deficiente alimentación fueron apareciendo. Los enfermos se fueron acumulando en el barco y hasta el propio Urdaneta se tuvo que poner a echar una mano con estos.

Cuando las cosas empezaban a ponerse realmente mal divisaron brumas en la lejanía, señal inequívoca de que por allí había tierra. Urdaneta mandó entonces virar hacia el sudeste, confiado ya en que estaban en el rumbo correcto.

El 18 de septiembre avistaron las tierras septentrionales de Nueva España, llegando el 1 de octubre a las cercanías del Puerto de Navidad, desde donde había salido su expedición. Pero no fue hasta una semana después que penetraron en la Bahía de Acapulco, con sólo 18 hombres en condiciones, el resto estaba enfermo. Era el 8 de octubre de 1565.

El tornaviaje había durado cuatro meses y ocho días. Habían sufrido 26 muertos por enfermedad, algo que, aunque parezca lo contrario, no era una cifra excesivamente alta para las expediciones de aquella época. Pero lo más importante fue el descubrir que ya era posible la colonización de las Islas Filipinas.

Para Urdaneta y los suyos fue un momento de gloria. Fueron recibidos en la capital, México, como auténticos héroes y la noticia de su hazaña llegó a todas partes, siendo muy celebrada hasta por los cosmógrafos, que consideraron el trabajo de Urdaneta como muy exacto y meticuloso.

Urdaneta, tras un descanso merecido, viajó a España, donde el 2 de mayo de 1566 fue recibido por el rey Felipe II. Éste le preguntó a Urdaneta si su experiencia en las Molucas le había permitido tener éxito con el tornaviaje, a lo que el agustino respondió:

Así es, Señor. La experiencia de casi ocho años en aquellas aguas fue una ayuda inestimable. Los vientos soplan siempre del este, por lo que había que encontrar una ruta alternativa.

El rey comentó entonces:

“Sencillo, pero a nadie se le hubiera ocurrido.”

Eso es lo que distinguía a los grandes como Urdaneta. A él sí se le ocurrió y así lo demostró.

Bibliografía:

La expedición de Legazpi-Urdaneta (1564-1565). El tornaviaje y sus frutos. Blas Sierra de La Calle.
Andrés de Urdaneta, un aventurero. José María Madueño Galán.
La Armada Española desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Cesáreo Fernández Duro.

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