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Plaza central de Tikal
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Ángel Martínez Bermejo

Tikal, el corazón del mundo maya

CharlotteRaboff/Shutterstock.com

Supongo que habrá pocas experiencias comparables a entrar en Tikal al amanecer, cuando la selva se despereza y los monos aulladores saludan al día desde las copas de los árboles. La mañana en que hice realidad esta ilusión viajera las crestas de las pirámides estaban todavía envueltas en la niebla y el encuentro con ese mundo antiguo que surgía del bosque me hizo sentirme contento. Adentrarme en solitario por esta mezcla de cultura y naturaleza que es Tikal fue una de las grandes experiencias de mi viaje por el Mayab, el territorio maya.

Fue un momento esperado durante muchos años, el de seguir los caminos que culebrean por el bosque, de darme casi de bruces con una pirámide que surgía del bosque tras una curva, de soñar entre las estelas que contaban historias que me resultaban indescifrables. Iba demorándome ante los descubrimientos que surgían a cada paso: no hay muchos lugares en el mundo se pueden comparar a esta ciudad que en algún momento se creyó eterna.

Descubriendo Tikal

Florian Freihofer/Shutterstock.com

Tal vez fuera la mayor de todas las ciudades del periodo clásico en la región del Petén, el corazón del mundo maya. No es ninguna tontería: Tikal se extiende por una superficie de más de 125 kilómetros cuadrados y se compone de más de 3.000 estructuras importantes. Aquí se encuentran algunas de las construcciones más altas de la América precolombina y algunas de ellas superan en altura a los árboles que las rodean. Es el Nueva York de los mayas, pero esta ciudad fue levantada en medio de un bosque de caobas, ceibas, higueras y cedros tan espeso como la Amazonia, donde habita el jaguar, el tapir, las serpientes y los monos.

El Templo IV, de 65 metros de altura, es el mayor de todo el Mayab. Subí hasta lo alto, más arriba que las copas de los árboles que lo rodean, para descubrir que hay otras crestas de pirámides por encima del bosque. Me senté a recuperar el resuello, perdido por la subida y la emoción. ¿Cómo sería esta visión en el momento de mayor auge de Tikal? Aquí y allá se verían la Gran Plaza, las Acrópolis del Norte, la Central y la del Sur, la plaza de los Siete Templos y el llamado Mundo Perdido —el primer conjunto de edificios cuya distribución está claramente relacionada con la observación astronómica—, con todos los edificios pintados de colores puros, relucientes bajo el sol tropical.

Subida a la pirámide

Rob Crandall/Shutterstock.com

Cualquier detalle de esta civilización es fascinante pero lo referente a la astronomía me parece realmente extraordinario. El conocimiento que tenían del movimiento de los astros es una de las grandes sorpresas de la civilización maya, ya que no se puede olvidar que su nivel tecnológico no era muy superior al del Neolítico del Viejo Mundo. Sin embargo, la observación de los astros —sobre todo el Sol, la Luna y Venus— les permitió establecer uno de los calendarios más precisos de todo el mundo para su época. En realidad tenían dos calendarios complementarios: el ritual —llamado tzolkin, de 260 días— y el solar —el haab, de 365 días—. Un ciclo de 52 años solares, igual a 73 años rituales, era una rueda calendárica. Para evitar ambigüedades, el refinamiento maya creó la llamada Cuenta Larga, un calendario absoluto, de día a día, iniciado en algún momento del pasado mítico.

Es sorprendente que, rodeados por una selva espesa, se viviera tal desarrollo de las artes y las ciencias.

Un mono aullador me observaba desde la copa de un árbol. Yo seguía sentado en lo alto del Templo IV y mi pensamiento bailaba entre las complejidades de este sistema de calendario y la belleza del bosque que bullía a mi alrededor en estas horas tempranas del día. Un tucán de pico amarillo pasó volando a mi altura, y sentía que me llegaba el olor de la tierra tropical, el vapor de la mañana de calor tras la lluvia de la noche.

Mono araña en Tikal

ScottWalmsley/Shutterstock.com

Es sorprendente que durante siglos en este medio, rodeados por una selva espesa, en Tikal se viviera un gran desarrollo de las ciencias y las artes. El momento de gloria fue el siglo VIII de nuestra era, cuando llegó a tener 90.000 habitantes. Tikal, a la que sus habitantes probablemente llamaran Mutul, había extendido su poder tras varias guerras triunfantes. Buena parte del triunfo de Tikal a lo largo de los siglos se debió a su estratégica posición en la península de Yucatán y al control de las rutas comerciales que la atravesaban desde el Campeche mexicano a las costas de Belice uniendo así el golfo de México con el Caribe. Este éxito económico, unido al desarrollo cultural, supuso la aparición de la civilización clásica maya.

No todo fue triunfo en la historia de Tikal. En ocasiones perdió guerras, lo que a su vez le hizo perder preponderancia en la región. A mediados del siglo VI d.C., la cercana Caracol —ahora en el occidente de Belice— eclipsó a su rival y fue la ciudad dominante al menos durante un siglo. A finales del siglo IX llegó el declive definitivo de Tikal, al mismo tiempo que a otras ciudades de la región (con la notable excepción de Caracol) y el abandono de sus habitantes. La floresta tomó de nuevo el poder y empezó a carcomer los edificios durante mil años.

La floresta tomó de nuevo el poder y empezó a carcomer los edificios durante mil años.

De las casas de los habitantes —palo, adobe y hojas— no queda nada. ¿Qué fue de los grandes reyes, de sus templos y palacios? Su recuerdo se perdió durante siglos y sólo ahora, tras muchos años de campañas arqueológicas y el desciframiento de su escritura jeroglífica, empiezan a salir del olvido. Recuerdo haber visto mil veces las fotos del explorador Alfred Percival Maudslay de finales del XIX —que también trabajó en Palenque, Chichén Itzá y tantas otras ciudades— que muestran el estado calamitoso al que habían caído estas grandes estructuras. La restauración les ha devuelto parte de su gloria perdida.

Miré otra vez las crestas de las pirámides que sobresalían por encima del bosque y que indicaban de alguna manera la estructura de esta ciudad, con un urbanismo tan diferente del que se desarrolló a orillas del Mediterráneo. Por eso no es fácil entender el significado de cada elemento de cualquier ciudad maya. Es incluso difícil señalar las calles en los yacimientos arqueológicos y todo responde a una lógica que no siempre es fácil de descifrar.

Estuve horas vagando entre los recuerdos de una civilización antigua y misteriosa.

Me levanté e inicié el descenso. Había que seguir, y estuve horas vagando entre los recuerdos de una civilización antigua y misteriosa. Nunca te cansas de caminar por uno de los más extraordinarios encuentros entre naturaleza e historia del mundo.

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